Hoy me complace compartir con vosotros la mirada de un hombre del siglo XVI aunque nació unos años antes de finalizar el XV, en el año 1469: Desiderio Erasmo, aunque más conocido como Erasmo de Rotterdam. El "Rey de los humanistas" como le llamaron sus contemporáneos. Un hombre que ocupó la cúspide de la cultura de su época, de una gran producción literaria, inmensa y variada. Fraile agustino durante unos años salió del convento para ir a estudiar a París y a Bolonia. Entre 1506 y 1509 se doctora en Teología por la universidad de Turín. Amigo íntimo de Tomás Moro y otros eminentes humanistas. Entre sus principales obras está la edición de los Clásicos y de los Padres de la Iglesia, el texto griego del Nuevo Testamento- precisamente el que escogerái Lutero para su traducción a la lengua vulgar-, Trazó en su Enchiridion militis christiani una pauta de la vida cristiana de consecuencias enormes en aquella religiosidad europea del siglo XVI. Trabajó incansablemente en su "Philosophia Christi" entendida como la realización personal e interior del Evangelio. Fue Secretario de Carlos V, profesor de griego en Inglaterra en al universidad de Oxford, rector de la Universidad de Basilea y, aunque nunca estuvo en España, su influjo en las letras y el pensamiento español de los siglos XVI y XVII fue, sin duda, uno de los más determinantes e influyentes de los humanistas e intelectuales españoles del Siglo de Oro. Luís Vives, Alfonso y Juan de Valdés, Juan Maldonado y Alonso Manrique, entre otros le reconocían como maestro de las letras y el pensamiento. Durante varios años circularon sin dificultad por España traducciones de sus obras con una grandísima aceptación, pero el descubrimiento de diversos grupos de "alumbrados" en diversas ciudades españolas, determinó a la Inquisición a intervenir con su energía y crueldad acostumbradas y los libros de Erasmo fueron prohibidos y perseguidos.
El texto escogido en esta ocasión, es un extracto de su obra "El elogio de la locura" escrito en 1509 durante un viaje de Italia a Inglaterra a casa de su amigo Tomás Moro a quien le dedica el libro en sus inicios. "El elogio de la locura" nos ofrece, con un estilo mordaz y una estupenda ironía, la mirada de Erasmo de la Europa del siglo XVI que él conoce bien, "las locuras de una vida perturbada por supersticiones y agresiones de todo tipo". A través de su mirada vamos a poder asomarnos a aquella Europa que vió surgir la Reforma Protestante, el Renacimiento y el resurgir de las artes y de las ciencias; la Europa de Carlos V, de Leonardo da Vinci, de Miguel Ángel y de de Juan y Alonso de Valdes, de Lutero: la Europa Moderna.
"... Hay quien abriga la convicción de que si ve una escultura o una pintura o una pintura de San Cristobal ya no se morirá aquel día. Otros creen a pies juntilas que rezando cierta oración a Santa Bárbara volverá sano y salvo de la guerra, y otro está seguro de que visitando la imagen de San Erasmo en determinados días será protegido por el santo, mucho más si a la visita añade el llevarle velas y regalos, sin olvidar, desde luego, rezarle tales o cuales plegarias. Parece que los que así se comportan con San Erasmo se harán ricos en breve tiempo. Y les parece también a dichas gentes que nunca se ha dado el caso de que falle al protección de aquel.Verdad es que del mismo modo que se inventó un nuevo Hipólito, Hércules se ha convertido en San Jorge. Sus partidarios suelen adorar del mismo modo al santo que al caballo que monta, al cual adornan con jaeces y gualdrapas, procurando atraerse al benevolencia del jinete con todo esto y además con algunas ofrendillas. Hay devotos que juran no por San Jorge, sino por su yelmo de bronce.
Pues ¿Qué no decir de aquellos que se dejan embaucar por los calculistas que como con clepsidra les hablan de la duración del Purgatorio y los siglos, los años, los meses, los días y las horas de permanencia en él, como sise sirviesen de tablas matemáticas?.
¿Y los que confían en que mediante ciertas palabras mágicas o conjuros inventados por cualquier embustero van a salvar su alma, van a recobrar la salud o van a conseguir la riqueza, los altos puestos y al final de una placentera vejez subir al Cielo para sentarse al lado de Cristo?.
Verdad es que no parecen tan impacientes por ocupar tan divino lugar y hacen cuanto pueden por seguir disfrutando los placeres de este bajo mundo, y a la vida se agarran con las uñas y los dientes... Más que de locos pudieramos clasificar de estultos a los que forman en esa caterva de convencidos de que pueden lograr la felicidad suprema, en la vida y más alla de ella, sin otro quehacer que recitar a diario siete versículos de los Salmos, bien elegidos, puesto que fue un excelente demonio quien se los señaló a San Bernardo. Y nada importa que este demonio no pretendiese otra cosa que burlarse del santo. Todo ello y muchas cosas más de semejante estilo, que en verdad averguenzan con su sola mención, no solamente cuentan con la aprobación del vulgo que las cree con la mejor y más estúpida buena fe, sino con el beneplácito de los maestros en religión.
Al mismo orden de cosas pertenece la costumbre de que cada comarca o ciudad tenga su patrono y se le venere de diferente manera, atribuyéndole una virtud particular; y así vemos como tal santo cura el dolor de muelas, tal otro ayuda a las mujeres a parir felizmente, el de más allá está especializado en salvar de naufragios, el de más aca protege los ganados, y así sucesivamente, pues no acabaríamos nunca de citarlos a todos. Pero no podemos menos de indicar que hay algunos cuya virtud alcanza a salvaguardar no una, sino muchas cosas. Esto acontece con la Madre de Dios, que naturalmente ocupa un lugar de excepción, la cual es considerada por el vulgo como una intercesora universal y tenida en casi mayor veneración que el Hijo... Veo que me estoy metiendo demasiado en este terreno de las supersticiones, que por ser infinitas amenazan con enredarme en su maraña. Ya dijo Virgilio que ni aun disponiendo de mil lenguas, de mil bocas y de una voz infatigable, podrían denunciarse todos los géneros de necios que pueblan el mundo, ni enumerar todas sus necedades".